Dios, estas tetas 3D son una locura
“¿Te gustan mis tetas o la polla que te va a reventar?”, me susurró la zorra mientras se ajustaba el corsé. Yo ya estaba mojada, imaginando cómo se sentiría esa verga gigante entrando en mi coño apretado. El riesgo de que su marido entrara en cualquier momento me ponía más caliente, así que la empujé contra la pared y le arranqué el tanga de un tirón. Sus tetas saltaban mientras me empotraba contra ella, mis uñas marcándole la espalda. “Más duro, cabrón”, gemía, pero yo no podía ir más rápido sin que nos escucharan. Cada embestida me hacía chocar contra el mueble, el sonido de su coño chorreando mezclándose con nuestros jadeos. “Córrete en mis tetas”, me ordenó, y yo no pude resistirme. Agarré su polla y la guíé hasta mi boca, tragándome cada gota de leche mientras ella me miraba con esa sonrisa de puta satisfecha. “¿Ves? Sabía que eras una perra hambrienta”, dijo, limpiándose los labios con el dedo. “Y esto es solo el principio.”