Tres monedas en un coño bien apretado
La chica no podía creer su suerte cuando el tipo le ofreció pagar con tres monedas de oro por cada agujero que le dejara usar. Su coño ya estaba mojado solo de pensar en la polla enorme que le iba a meter, pero cuando él le arrancó el tanga con los dientes, supo que esto sería más intenso de lo que imaginaba. Primero le chupó los pezones hasta dejarlos duros, luego le metió dos dedos en el culo mientras le lamía el clítoris. Ella gemía como una perra en celo, arqueando la espalda para que él le diera más fuerte. El tipo le dio vuelta y le clavó la polla hasta el fondo, embistiendo con fuerza mientras le apretaba las tetas. Cada vez que ella gritaba, él le tapaba la boca con la mano y le susurraba obscenidades al oído. Cuando por fin se corrió, el semen le chorreó por las piernas, pero él no había terminado: le dio vuelta otra vez y le metió la polla en el culo, follándosela como una puta hasta que ella se vino otra vez, temblando de placer. Al final, las tres monedas brillaban en el suelo, pero lo que realmente valió la pena fue el orgasmo que le dejó sin aliento.