Delilah Dagger y su novio Alex Adams en un encuentro salvaje
—Te he deseado toda la semana, puta— susurra Alex Adams mientras agarra el culo de Delilah Dagger con fuerza, marcando sus dedos en la piel suave. Ella se muerde el labio, sintiendo cómo la polla dura roza su coño mojado desde atrás, el calor entre ellos es insoportable. Llevaban días mirándose con esa tensión, roces casuales en la cocina, besos robados en el pasillo, hasta que ya no aguantaron más. Alex la empuja contra la pared, su respiración agitada mientras le baja el pantalón de cuero negro, dejando al descubierto el culo perfecto de Delilah, redondo y palpitante. Ella gime cuando él le separa las nalgas y pasa la lengua por su agujero, humedeciéndolo antes de meter un dedo sin avisar. Delilah arquea la espalda, sus tetas pequeñas rebotando mientras él la chupa con avidez, saboreando cada gota de su excitación. —Métemela ya, cabrón— suplica ella, retorciéndose contra su cara. Alex no se hace esperar, la levanta en el aire y la empala de una estocada, enterrándose hasta las pelotas en su coño apretado. Los gemidos de Delilah llenan la habitación mientras él la embiste contra la pared, cada golpe haciendo que sus cuerpos chocaran con fuerza. Ella le clava las uñas en la espalda, sintiendo cómo la polla gruesa la llena por completo, rozando ese punto que la hace gritar. Alex la gira y la arroja sobre la cama, poniéndose encima para penetrarla en misionero, mirándola a los ojos mientras la folla sin piedad. Delilah levanta las piernas, abriéndose más para él, sus muslos temblando con cada embestida. —Córrete en mi boca, perra— gruñe Alex, sacando su polla y acercándose a su cara. Ella abre los labios sin dudar, chupando con desesperación mientras él le agarra el pelo, follándole la garganta hasta que su semen caliente le llena la boca. Alex se corre con un gruñido, su cuerpo tenso mientras vacía cada gota dentro de ella, y justo cuando Delilah traga, él se derrumba sobre su cuerpo, sudoroso y satisfecho. La escena termina con sus respiraciones entrecortadas y el sonido de sus cuerpos pegados, el final perfecto de una sesión de sexo salvaje.