Dama dominante le mete la polla al cornudo amarrado
La profesora rubia de tetas enormes llegó a su casa con el vestido ajustado hasta la cintura y los pezones marcándosele bajo la tela fina. Al abrir la puerta, su vecino el musculoso la esperaba con una sonrisa pícara y las esposas en la mano, listo para atar al pobre cornudo que sudaba en el sofá con los ojos vendados. Sin perder tiempo, ella se le subió encima con las bragas empapadas frotándosele contra la polla dura como piedra que le asomaba por el pantalón, mientras le susurraba al oído lo puta que era su mujer y cómo iba a gozarse ese coño que él nunca supo satisfacer. El cornudo gimió al sentir cómo le ataban las muñecas a la espalda, dejando su culo al aire para que la hembra lo empotrara sin piedad, clavándole la verga hasta el fondo con cada embestida mientras sus tetas enormes rebotaban contra el pecho del infiel. Ella le agarraba del pelo para que no se moviera, gruñendo que esa noche aprendería quién mandaba en su casa, mientras su boca chupaba los pezones de la profesora que le apretaban entre los labios con cada gemido ahogado que escapaba de su garganta. El sudor les resbalaba por la piel, mezclándose con el olor a sexo y alcohol de la fiesta anterior, mientras la polla del vecino entraba y salía del culo del cornudo con un sonido húmedo y sucio que resonaba en el salón, arrancándole gritos de placer mezclados con vergüenza. La profesora no se conformó con el culo, sino que se quitó las bragas y le plantó el coño mojadísimo en la cara del pobre tipo, obligándolo a lamerle el clítoris hinchado mientras ella se corría a gritos sobre su lengua, escupiendo leche espesa en su boca para que tragara cada gota. Cuando ya no pudo más, le soltó el pelo y se arrodilló frente a él, metiéndole la polla entera en la boca hasta ahogarlo con su corrida caliente que le llenó la garganta y le escurrió por las comisuras, dejando su cara y su pecho cubiertos de un blanco espeso mientras los gemidos de los tres se perdían en el aire cargado de lujuria.