Coño rosado pide verga dura y mucho semen
La japonesa se quitó la bata ligera dejando al descubierto su conejito rosado y depilado que ya brillaba de lo mojado que lo tenía de solo pensar en empalarse. Él, con la polla bien dura y el glande rojo de la excitación, no pudo resistirse y se lanzó a lamerle el coño con movimientos circulares que le arrancaron los primeros gemidos ahogados entre sus muslos apretados. Ella, loca de placer, se agachó para chupársela con fuerza mientras le agarraba los huevos con una mano, sintiendo cómo se le endurecían al ritmo de sus propios jadeos. Con un empujón brusco la puso contra la pared, le levantó una pierna y se la clavó hasta el fondo, sintiendo el coño estrecho y caliente abrazarle la verga como un guante ajustado. Cada embestida le sacudía el cuerpo entero, haciendo que sus tetas rebotaran contra su pecho mientras los sonidos húmedos de la carne chocando llenaban el aire junto a los gritos de ella pidiendo más fuerte. Él le agarró del pelo y le giró la cara para besarla con furia, probando el sabor salado de su sudor mientras le metía los dedos en la boca para que los chupara mientras la penetraba sin piedad. El coño se le contraía cada vez que él llegaba al fondo, mojándole la verga con un líquido espeso y caliente que le resbalaba por los muslos hasta caer al suelo. Ella no pudo aguantarse más y se corrió gritando su nombre, apretando la polla con fuerza mientras los espasmos le recorrían el cuerpo desde los dedos de los pies hasta la coronilla. Él, sin perder el ritmo, siguió penetrándola con embestidas profundas hasta que notó cómo se le tensaban los huevos y, con un gruñido gutural, se descargó dentro de ella a chorros gruesos que le llenaron el coño hasta rebosar, dejando un rastro blanco entre sus piernas temblorosas. Cuando por fin se separaron, ella se dejó caer de rodillas para lamerle el semen que le resbalaba por la verga, chupando hasta dejarla limpia mientras él le acariciaba la cabeza con los dedos enredados en su cabello negro y liso.