Compañera de clase me chupa el coño hasta correrme
Llevaba meses con ganas de probar ese cuerpo curvilíneo que siempre se sentaba frente a mí en la biblioteca, con su pelo negro brillante y aquellos pechos pequeños pero bien puestos que se le marcaban bajo la blusa ajustada. Hoy no pudo resistirse cuando la agarré del brazo y la llevé al dormitorio, donde el olor a su perfume barato mezclado con el sudor de la clase me volvió loco. En cuanto cerró la puerta, me empujó contra la pared y sus labios carnosos se aferraron a mi coño empapado, lamiéndolo con una avidez que me hizo gemir de inmediato. Sentí sus dedos delgados y largos hurgar dentro mientras su lengua jugaba con mi clítoris hinchado, haciéndome temblar de pies a cabeza. Le agarré el pelo negro y grueso para controlar el ritmo, pero ella se negó y siguió su propio camino, chupando con una fuerza que me arrancó un grito ahogado. Sus tetas pequeñas rebotaban cada vez que movía la cabeza, rozando mi muslo mientras su aliento caliente me quemaba la piel. Cuando notó que estaba a punto de explotar, se apartó un segundo para mirarme con esos ojos oscuros y llenos de maldad, preguntándome si quería que terminara rápido o que me hiciera esperar hasta que no pudiera más. Sin esperar respuesta, volvió a hundir la cara entre mis piernas, ahora con más furia, y sentí cómo mi cuerpo se convulsionaba mientras el orgasmo me recorría como un rayo, dejándome la entrepierna temblorosa y completamente mojada. Ella no se detuvo hasta que mis piernas dejaron de sacudirse y solo entonces se lamió los labios, satisfecha, mientras yo intentaba recuperar el aliento con el corazón a mil por hora. Lo que empezó como un capricho de clase terminó siendo la mejor mamada de mi vida, con esa morena exuberante que no solo sabía lo que hacía, sino que disfrutaba cada segundo como si fuera su misión.