Biarawati la perra que me robó el novio
Me la encontré en el bar donde solía ir con mi ex, con esa sonrisa de puta que me hizo hervir la sangre. La muy zorra llevaba un vestido ajustado que le marcaba las tetas grandes y el culo respingón, sabiendo que yo no podía resistirme. La arrastré al baño de hombres, le bajé las bragas de un tirón y le metí los dedos en el coño mojado mientras le susurraba al oído que esto era por haberme jodido la vida. La empotré contra la pared, clavándole la polla hasta que sus gemidos rebotaron en los azulejos. Le agarré el pelo y le hice chupar mi verga como si su vida dependiera de ello, sintiendo cómo su lengua jugaba con mi glande mientras mis pelotas golpeaban su barbilla. La tiré al suelo y la monté como un animal, embistiendo su chocho apretado hasta que el espejo se empañó con nuestro sudor. Cuando me corrí, le llené la cara de leche espesa, marcándola como mía para que mi ex supiera que nadie me quita lo que es mío. Al salir, dejé sus bragas rotas tiradas en el suelo, un recordatorio de lo que pasa cuando juegas con fuego.