Ama de casa asiática con culazo bien empalado
Desde que la nueva ama de casa asiática llegó con ese culo prieto y respingón que le rebotaba al caminar, el jefe no podía dejar de mirarla de reojo mientras le ordenaba limpiar el baño. La muy putita sabía perfectamente qué efecto le causaba su cuerpo curvilíneo con esa blusa ajustada que apenas le tapaba los pechos duros, y por eso cada vez que se agachaba para pasar la mopa le ofrecía una vista espectacular de sus nalgas redondas y ese coño prieto que se le marcaba bajo la falda corta. Él no pudo resistirse más y, cuando ella se inclinó para recoger un trapo del suelo, le agarró el culo con fuerza y le susurró al oído que esa noche iba a pagar por tanta provocación. La asiática soltó un gemido ahogado al sentir cómo la polla gruesa de su jefe le empujaba contra la pared del pasillo, y antes de que pudiera protestar, ya la tenía con las piernas en alto sobre el escritorio del baño, con la falda levantada y ese coño empapado listo para ser destrozado. Él le arrancó la ropa interior de un tirón y se hundió en su carne con un gruñido animal, empotrándola contra la madera del mueble mientras le mordisqueaba el cuello y le apretaba las tetas que le rebotaban al ritmo de cada embestida profunda. Ella jadeaba como una loca, con los muslos temblorosos y los labios entreabiertos dejando escapar chorros de saliva mientras el sudor le resbalaba por la espalda y el culo le ardía con cada golpe de cadera. Él no se conformó con follársela de pie, la tiró sobre la mesa de la cocina y, agarrándola de las caderas, le metió la polla hasta el fondo una y otra vez, haciendo que el coño le chorreara jugos por los muslos y que los gemidos se le convirtieran en gritos incontrolables. Cada vez que le llegaba al fondo, ella chillaba como una perra en celo y le suplicaba que no parara, que la llenara toda, que le diera esa leche espesa que tanto deseaba. Él, con los huevos bien cargados y la respiración entrecortada, le gruñó que se corriera primero y, al sentir cómo el coño le apretaba la verga como un tornillo, se dejó ir con un rugido, explotándole dentro hasta dejarla llena de semen caliente que le escurría por las piernas cuando por fin la soltó. La asiática quedó tirada sobre la mesa, con el cuerpo tembloroso y el coño goteando leche mientras intentaba recuperar el aliento, pero él ya estaba listo para repetir, porque esa puta con curvas no iba a salir de su mente tan fácil.