Agatha Vega se volvió loca con mis pies en su coño mojado
El olor a sudor y lujuria me envolvió cuando Christian Clay me retó a probar si podía aguantar sus pies en mi coño sin gemir. Yo, que siempre me creí la más dura, acepté el desafío con una sonrisa pícara. Pero en cuanto sus dedos callosos empezaron a masajear mis pezones, supe que estaba perdida. Sus pies descalzos, gruesos y calientes, se deslizaron por mi vientre hasta llegar a mi coño, ya empapado de excitación. Cada roce de sus dedos de los pies contra mi clítoris me hacía arquear la espalda, pero me mordí el labio para no darle el gusto de verme suplicar. Christian, el muy cabrón, no se conformó con eso: sacó un vibrador y lo encendió contra mi culo, haciéndome saltar. '¿Así que aguantas, zorra?', me provocó mientras me azotaba las nalgas con la palma abierta. Yo solo podía gemir, '¡Más fuerte!', mientras él me empotraba los pies en el coño sin piedad. El sonido de mi carne chasqueando contra sus pies resonaba en la habitación, y cuando me corrió un chorro de leche en el vientre, supe que había perdido la apuesta. Pero no me importó, porque en ese momento solo quería que me llenara hasta las pelotas con su polla monstruosa.