Abby y su amiga se lamen el coño mientras alguien podría entrar
Te voy a contar cómo Abby y su amiga terminaron en mi cama, sudando y jadeando, mientras afuera se escuchaban pasos que podían ser de mi hermano. Las dos estaban borrachas de la fiesta, riendo al principio, pero cuando sus bocas se encontraron, todo cambió. Abby me empujó contra la pared y me bajó el short de un tirón, su lengua ya buscaba mi coño antes de que pudiera protestar. 'Shhh, alguien podría oírnos', le susurré, pero ella solo sonrió y me mordió el labio mientras sus dedos se hundían en mi humedad. El riesgo de que nos pillaran solo nos ponía más calientes: cada gemido lo ahogábamos contra la almohada, cada chupada más intensa porque sabíamos que no podíamos hacer ruido. Abby se arrodilló y me lamió el coño como si fuera su última cena, sus dedos abriéndome mientras su lengua trazaba círculos alrededor de mi clítoris. Yo le devolví el favor, chupándole los pezones antes de bajar hasta su raja mojada, sintiendo cómo temblaba cuando le metí dos dedos de golpe. 'Más fuerte', me ordenó, y obedecí, follándola con los dedos mientras mi boca la ahogaba en saliva. En más de 21 minutos de escena, nos corrimos tres veces, cada orgasmo más intenso que el anterior, hasta que escuchamos la puerta de la calle. Abby saltó de la cama, limpiándose la boca con el dorso de la mano, y me miró con esa sonrisa traviesa. 'La próxima vez', me dijo, 'te voy a hacer gritar aunque nos pillen'. Y yo solo pude reír, sabiendo que no podría resistirme.