Vivian Taylor se deja romper el culo por el negro en la ducha
—'A ver si ahora te atreves a decir que no te gusta la polla negra', me susurró Don Sudan mientras me empujaba contra los azulejos mojados de la ducha. Yo solo podía gemir, con mi coño ya chorreando de anticipación, porque sabía que este era mi momento de venganza. Él había estado con mi ex, y ahora yo iba a demostrarle que su verga no era nada comparada con la de Don, gruesa, oscura y palpitante, lista para destrozarme. Me arrodillé en el suelo de la ducha, el agua caliente corriéndome por la espalda, y empecé a chupar esa polla enorme, sintiendo cómo se hinchaba más en mi boca. Don me agarró del pelo, guiando mis movimientos, y yo lo dejé, porque quería que me tratara como una puta, que me usara para su placer. Cuando ya no pudo aguantar más, me levantó de golpe y me empotró contra la pared, metiéndome esa verga hasta las pelotas de una sola estocada. Grité, pero no de dolor, sino de placer, porque cada embestida me hacía sentir más llena que nunca. El sonido de la carne chocando contra la carne, el agua cayendo sobre nosotros, los gemidos ahogados en mi boca... todo era perfecto. Don me dio la vuelta, me inclinó y me penetró por atrás, agarrándome de las caderas con fuerza. Yo solo podía gritar, pidiéndole que me follara más duro, que me rompiera el culo con esa polla negra. Él obedeció, embistiendo sin piedad, hasta que sentí cómo se corría dentro de mí, llenándome de su leche caliente. Cuando terminó, me dejó caer al suelo, exhausta pero satisfecha, con su semen corriéndome por los muslos y el agua de la ducha lavando todo rastro de mi ex.