Ting Xuan se masturba al aire libre con minifalda y tacones
Llevaba días obsesionada con la idea de que alguien la descubriera en plena faena, así que salió a la calle con esa minifalda ajustada que apenas le cubría el culo y unos tacones que le hacían el caminar más provocador aún. El aire le azotaba las piernas mientras se acercaba a un rincón discreto del parque, donde la sombra de los árboles le daba un poco de intimidad aunque el riesgo de ser vista la excitaba más que ninguna otra cosa. Se mordió el labio inferior mientras se subía la falda con una mano, dejando al descubierto un coño depilado y ya bien mojado que pedía atención urgente. Con la otra mano se agarraba con fuerza a la pared de ladrillo, sintiendo cómo el viento le mecía el pelo liso y negro mientras sus dedos se hundían entre sus pliegues con movimientos circulares cada vez más rápidos. Los tacones le dolían un poco, pero el morbo de saber que en cualquier momento alguien podría pasar y pillarla así le hacía acelerar el ritmo, metiéndose dos dedos hasta el fondo mientras gemía bajito entre dientes. De pronto escuchó unos pasos acercarse por el sendero de grava, y en lugar de asustarse, se excitó aún más: ¿sería algún tipo curioso que se acercaba para ver mejor? Se giró un poco, abriendo más las piernas para que el espectáculo fuera imposible de ignorar, con las nalgas apretadas y brillantes de excitación. El desconocido se detuvo justo a su espalda, jadeando al ver cómo ese coño húmedo se abría y se cerraba con cada embestida de sus dedos, y sin pensarlo dos veces le susurró al oído que le encantaría probar esa miel caliente él mismo. Ting Xuan no pudo resistirse, así que se dio la vuelta con rapidez, se agachó en cuclillas frente a él y le sacó la polla dura de inmediato, empezando a chupársela sin piedad mientras se masturbaba con la otra mano, los gemidos ahogados en la carne palpitante. El tipo no tardó en agarrarle la cabeza con fuerza, empujándola contra su entrepierna mientras se corría con un gruñido ronco, llenándole la boca de leche espesa que tragó sin dudar mientras seguía frotándose el clítoris hasta que un orgasmo brutal la sacudió entera, dejándola temblando contra la pared con las piernas temblorosas y la respiración entrecortada.