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Rubia sissificada empalada a cuatro patas en celo

4:19 1080P 3 Transexuales
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Estúdio Bailey Wilde

La morena de pelo dorado llevaba meses escondida tras su disfraz de niña buena, pero cuando el dueño de la casa la vio maquillada con esos labios de modelo y ese culito apretado que se le marcaba bajo el vestido ajustado, no pudo resistirse ni un segundo más. Le ordenó con voz ronca que se quitara las bragas de encaje rosa mientras él se bajaba el pantalón para dejar al aire su polla gruesa y palpitante, tan dura que parecía a punto de reventar. Ella, temblando de excitación y miedo, se inclinó sobre la mesa del comedor con las manos apoyadas en el borde, ofreciendo su culo virgen al dueño que ya no la reconocía como el mariquita sumiso de antes, sino como una perra en celo deseosa de ser empalada sin piedad. El primer empujón la hizo gritar de dolor mezclado con placer, pues su agujero estrecho se resistía a aceptar ese tronco monstruoso que la atravesaba desde atrás, pero cuando él le agarró las caderas y empezó a embestirla con fuerza brutal, sus gemidos se volvieron agudos y desesperados, pidiendo más aunque le doliera hasta el alma. La polla entraba y salía sin compasión, cada embestida haciendo que sus tetas falsas se balancearan al ritmo de los golpes, mientras él le escupía en el culo para lubricar mejor ese agujero que ya chorreaba de lo mojada que estaba la muy puta. Los sonidos húmedos de la follada se mezclaban con los azotes que le caían en las nalgas rojas, y cada vez que él le clavaba hasta las pelotas, ella sentía que se corría sin poder evitarlo, chorreando jugos por sus muslos mientras su clítoris hinchado pedía atención. El dueño, lejos de apiadarse, la agarró del pelo largo y le obligó a arquear la espalda aún más, hundiendo su polla hasta la garganta de su culo virgen, sintiendo cómo el canal se le cerraba alrededor de su verga como un puño caliente y ansioso por ordeñarla. Cuando por fin eyaculó dentro de ella con un gruñido animal, la sissificada se desplomó sobre la mesa, jadeando y sintiendo cómo su cuerpo temblaba de los últimos espasmos de placer, mientras la leche espesa le resbalaba por las piernas y manchaba el vestido que ya no volvería a ponerse, porque ahora solo quería ser una perra más en su colección de hembras empaladas.

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