Tifany la caliente le mete la polla a japo negro
Desde el primer trago la morena no paraba de mirar al negro con esos ojos de puta hambrienta, mordiéndose los labios mientras él se acomodaba en el sillón con esa verga gruesa que le colgaba pesada entre las piernas. Ella no pudo resistirse más y se le tiró encima sin aviso, arrancándole la camisa de un tirón para lamerle los pezones mientras le agarraba el culo duro como piedra entre sus manos sudorosas. El negro jadeó al sentir cómo sus uñas le clavaban en la piel mientras ella se frotaba el coño empapado contra su muslo, gimiendo como una perra en celo cuando él le levantó la falda y le metió dos dedos bien hondo sin piedad. La morena se corrió al instante con un gritito agudo, mojándole los dedos con su leche espesa antes de empujarlo contra la pared y obligarlo a arrodillarse para chuparle la polla hasta que se le puso morada de tanto mamársela con saliva babosa. Él no pudo aguantar más y la levantó en vilo, empotrándola contra la mesa del centro con embestidas brutales que hacían temblar hasta los cuadros de las paredes, su culo redondo rebotando contra su cadera mientras ella chillaba de placer con cada empujón profundo que le llegaba hasta la garganta. Cuando el negro sintió que se le acercaba el orgasmo, la volteó boca abajo y se la clavó por detrás con furia, agarrándole las tetas como si fueran dos melones maduros mientras su verga entraba y salía sin compasión, empapándola con cada embestida hasta que ambos estallaron en un clímax descomunal que los dejó jadeando y cubiertos de sudor pegajoso. Ella terminó con la boca llena de su leche caliente mientras él le untaba los restos por toda la cara, limpiándole los labios con la punta de la polla antes de soltarla sobre el sofá, exhaustos y con las piernas temblorosas de tanto follar sin parar.