Sexo con mi hermanastro negro de polla gigante
El sudor aún fresco en la piel de Rashy cuando la puerta se cerró con un golpe seco. Llevaban días robándose miradas, rozando sus cuerpos al pasar, hasta que esa tarde el aire se volvió insoportable. Tú la agarraste por la cintura y la levantaste como si no pesara nada, sus nalgas negras y firmes apretándose contra tu polla ya dura. Rashy gime cuando la sientas en tus manos, su culo perfecto moviéndose contra ti antes de que la tumbes en el sofá. La polla de Pato, gruesa y oscura, se hunde en ella mientras tú la sujetas por las caderas, sintiendo cómo se aprieta alrededor de tu verga. Cada embestida hace que sus tetas reboten, sus gemidos se mezclan con el sonido húmedo de sus cuerpos chocando. Rashy te mira con esos ojos oscuros, pidiéndote más, y tú se lo das, empotrando hasta que sientes sus piernas temblar. La corras en su culo apretado, dejándola llena mientras ella se muerde los labios, sabiendo que esto no será la última vez. La próxima vez, será tu turno de montarla hasta que no pueda caminar.