Sakura recibe una follada anal salvaje
Sakura siempre tuvo ese culo redondo y prieto que cualquier cabrón se moría por apretar entre sus manos. Esa noche, después de varios tragos de sake y un par de miraditas subidas de tono, el tipo no pudo resistirse más y la empujó contra la pared del pequeño santuario donde guardaba sus muñecos de porcelana. Sin aviso, le arrancó el tanga de encaje negro que apenas le cubría el coño, dejándola con el culo al aire, brillante y húmedo por el deseo que le chorreaba entre las piernas. Ella gimió fuerte cuando la punta gruesa de su polla rozó su entrada trasera, pero no se quejó, solo arqueó la espalda para ofrecerle más, sintiendo cómo el calor de su aliento le erizaba la piel. El primer empujón fue lento, casi tortuoso, pero ella lo recibió con un gemido gutural y un movimiento de caderas que lo volvió loco, pidiendo más sin decir una palabra. Las embestidas se volvieron brutales, el sonido de carne chocando contra carne llenaba el aire mientras sus tetas rebotaban libres bajo el kimono que ya le colgaba de un hombro. El cabrón le agarró las caderas con fuerza, clavándole los dedos en la carne mientras la empotraba sin piedad, sintiendo cómo su culo se abría para él como si fuera hecho a su medida. Sakura no paraba de gritar, mezclando palabras en japonés con gemidos en español que sonaban más sucios que cualquier insulto, mientras su coño goteaba por la excitación de tener el culo lleno. Cuando sintió que iba a correrse, él la agarró del pelo y le dio la última embestida profunda, llena de semen caliente que le llenó las entrañas hasta derramarse por sus muslos. Ella se dejó caer contra la pared, jadeando, con el culo todavía temblando de las sacudidas, mientras él se limpiaba el sudor de la frente y le susurraba al oído un par de groserías que la dejaron aún más mojada para la próxima ronda.