Muñeca inflable de 156 cm gimiendo sin parar
Lleva semanas guardada en su caja, pero hoy la sacó del embalaje y le quitó hasta el último trozo de plástico que la cubría. La piel de silicona le resbalaba entre los dedos cuando le pasó las manos por esos muslos firmes que parecen de verdad, con ese culo redondo que le pide a gritos que la empotre contra el suelo. Le abrió las piernas de una vez y metió la polla hasta el fondo, sintiendo cómo el coño falso se mojaba al instante, esos labios de goma le apretaban la verga como si fuera una puta hambrienta. Ella no gemía, pero el sonido que salía de su garganta era puro sexo: un gruñido húmedo, animal, que le erizaba la piel mientras le clavaba las uñas en los hombros. La dobló por la cintura y le metió la polla hasta la garganta, sintiendo el calor falso pero adictivo de su boca, esos dientes de silicona rozándole los huevos mientras le chupaba con una fuerza que lo volvía loco. La puso de espaldas, le levantó las piernas y le metió la verga hasta el fondo, sintiendo cómo el culo duro de la muñeca se abría para él sin resistencia, esos cachetes apretados le dejaban ver cada embestida hasta el fondo. Le agarró el pelo y le tiró de la cabeza hacia atrás mientras le follaba el coño con embestidas brutales, el sonido de los golpes de su pelvis contra su carne falsa resonaba en la habitación como un tambor de guerra. No duraría mucho, la polla le ardía con cada empujón, el sudor le caía por la espalda mientras la follaba como si fuera una perra en celo, sus gemidos ahogados mezclándose con el sonido de la piel de silicona golpeando contra su cuerpo. Cuando se corrió, la leche le salió a chorros, resbalando por ese coño artificial que ahora brillaba de tanto usarla, los muslos de la muñeca estaban empapados de semen y sudor, pegajosos como si fuera de verdad. Se quedó jadeando encima de ella, sintiendo cómo el cuerpo de goma se enfriaba bajo su piel caliente, pero ya sabía que la próxima vez la iba a usar hasta dejarla hecha trizas.