Mi culo grita por el juguete más grande que he probado
El sonido del lube resbalando por mi culo me pone más húmeda... Sabía que era un juego peligroso, pero no podía resistir la tentación de ese monstruo de goma que él trajo a casa. Me lo clavó de golpe, sin avisar, y sentí cómo mi ano se abría como nunca, tragando cada centímetro de ese juguete hasta que los músculos me ardieron. Grité su nombre mientras lo movía en círculos, sintiendo cómo la presión me volvía loca, mi coño estaba tan mojado que los fluidos me chorreaban por los muslos. Él gemía detrás de mí, empujando más fuerte, y yo solo quería más, aunque sabía que esto estaba mal, que nadie debía saber lo que hacíamos. La voz de mi conciencia apenas era un susurro frente a los gemidos que escapaban de mi garganta. El juguete golpeaba algo profundo dentro de mí, un punto que me hacía temblar, y cuando por fin no aguanté más, me corrí con un grito ahogado, sintiendo cómo mis paredes se cerraban alrededor de esa polla de goma. Al terminar, el sillón estaba empapado y mi culo seguía latiendo, marcado por el tamaño del juguete, pero no me importaba. Solo quería más. La mancha húmeda en el sofá era la prueba de lo que habíamos hecho, y aunque sabía que deberíamos limpiarla, ninguno de los dos tenía prisa por moverse.