Madrastra cachonda con tetas enormes se corre duro
La madastra llevaba días frotándose contra él cada vez que pasaba cerca, sus tetas enormes rebotando bajo el escote ajustado mientras se mordía el labio con esa mirada de puta caliente. No pudo resistirse cuando el hijastro le agarró la mano y se la llevó al baño, le quitó la falda en dos segundos y le arrancó el tanga para dejar su coño bien mojado al aire. Ella gimoteó mientras le chupaba la polla dura como una piedra, saboreando cada centímetro de ese tronco grueso que le llenaba la boca, y no aguantó más cuando él la empujó contra la pared del baño, le abrió las nalgas y le empotró el culo con fuerza bruta. El agua de la ducha caía sobre sus cuerpos sudados mientras la madastra se dejaba follar con los pechos apretados contra los azulejos, gruñendo cada vez que la polla le llegaba hasta el fondo y le golpeaba el útero. Sus gemidos eran música para sus oídos, mezclados con los sonidos húmedos de carne chocando contra carne, el chapoteo del coño empapado y el crujido de los muslos golpeándose con cada embestida salvaje. Él no se detuvo ni un segundo, clavándosela hasta que ella gritó que se corría, apretando el coño alrededor de la verga como un tornillo mientras los jugos le resbalaban por los muslos. El hijastro, lejos de acabarse ahí, la sacó del baño a rastras y la tiró sobre la cama, donde le abrió las piernas y se la folló a cuatro patas, agarrándole las tetas enormes que botaban con cada embestida y mordiéndole el hombro para ahogar los gritos. Ella se corrió otra vez, esta vez con chorros gruesos de leche escurriéndole por el culo mientras él le llenaba las entrañas sin piedad, jadeando como un animal mientras le clavaba hasta la base y se vaciaba dentro con un rugido ronco. La madastra quedó hecha un trapo, el coño palpitando, los pezones duros como piedras y el cuerpo cubierto de sudor y semen, pero él ya estaba listo para empezar de nuevo. La próxima vez que la vea, sabe que no habrá ropa que la salve de sus manos ni de su polla gigante que le va a partir el culo hasta dejarla sin voz.