La hermanastra no pudo resistirse a verla esa verga
Llevaba días con la boca abierta cada vez que él salía del baño con la toalla mojada pegada al cuerpo... La tela se le marcaba de tal forma que sus tetas pequeñas pero firmes parecían a punto de reventar la tela. Esa noche, en la sala, mientras su hermano se ponía cómodo en el sofá, ella no pudo evitar fijarse en cómo el bulto de su short se movía cada vez que respiraba. Un gemido involuntario se le escapó cuando él se estiró y la tela cedió, dejando al descubierto una polla gruesa, venosa y brillando bajo la luz tenue. Sin pensarlo dos veces, se acercó arrastrando los pies descalzos, sintiendo el calor de sus muslos pegarse a los de él. Él, al notar su presencia, la miró con una sonrisa pícara y le agarró el pelo para acercarla a su verga palpitante. Ella, con la entrepierna ya empapada y los pezones duros como piedras, no opuso resistencia cuando él le bajó el short y le metió dos dedos gruesos en el coño chorreante. El olor a sexo inundó la habitación mientras ella empezaba a chuparle la punta, saboreando el pre-semen que le escurría por la garganta. Él, entre gemidos roncos, la agarró de las caderas y la empujó contra la mesa del comedor, levantándole el vestido corto para dejar al descubierto su culo prieto y redondo. Sin preliminares, la embistió de una sola vez, empalándola hasta el fondo mientras ella gritaba con la boca llena de su polla. Las embestidas eran brutales, cada golpe resonaba en la sala mezclado con los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando, los jadeos de ella pidiendo más y los gruñidos de él apretando los dientes. Cuando él sintió que su verga tocaba fondo dentro de ese coño estrecho y caliente, aceleró el ritmo hasta que los dos se corrieron en un orgasmo que los dejó temblando, con ella abrazada a su espalda mientras la leche le resbalaba por las piernas. Después, sudados y jadeantes, se quedaron tirados en el suelo, con las tetas de ella aplastadas contra su pecho y la polla de él aún dura, lista para volver a empezar.