Los pies de Yumi me volvieron loco y no pude parar
Esa tarde en mi habitación, Yumi entró con sus pies descalzos y no imaginaba lo que iba a pasar. Desde el primer momento, me obsesioné con sus plantas suaves y suaves, con ese aroma a piel fresca que me volvía loco. Le pedí que se sentara frente a mí y, sin pensarlo, empecé a besar sus dedos, chupando cada uno como si fueran caramelos. Ella se reía, pero pronto su risa se convirtió en gemidos cuando mi lengua recorrió toda la planta de su pie, lamiendo hasta el arco con movimientos lentos y precisos. De pronto, sentí su pie presionando mi polla dura, y eso me sorprendió: nunca había pensado que algo así me excitaría tanto. Sin perder tiempo, la puse de rodillas y le ordené que me chupara mientras yo le masajeaba los pies, sintiendo cómo sus uñas se clavaban en mi espalda. Cuando ya no aguanté más, la levanté y la empotré contra la pared, metiendo mi verga en su coño mojado de una estocada, sintiendo cómo sus pies se enredaban en mi espalda. Ella gritaba, pero yo solo podía pensar en lo bien que se sentía su piel contra la mía, en cómo sus gemidos resonaban en mis oídos. Al final, cuando me corrí dentro de ella, Yumi solo podía pensar en lo rápido que todo había pasado, en cómo un simple juego de pies había terminado en el mejor polvo de su vida.