Lena Abrego desafía a su alumno con su coño humeante
Te voy a contar cómo empezó todo con él, ese mocoso que creyó que podía manejarme en la cama. "¿Crees que puedes aguantar esto, pendejo?", le dije mientras me bajaba las bragas frente a él, mostrando mi coño ya empapado. Desde el primer día, noté cómo me miraba con esa polla dura bajo los pantalones, pero yo sabía que no estaba listo para lo que le esperaba. ¿Te gustaría estar en su lugar? Porque él no lo soportó: apenas pudo resistir cuando me senté encima, hundiendo su verga entera de golpe, sintiendo cómo mis paredes apretadas lo aprisionaban. "¿Ves? Ni siquiera has empezado a hacerme gritar", le susurré al oído mientras movía mis caderas en círculos, restregando mi clítoris contra su hueso pélvico. El muy tonto apostó que me haría correrme primero, pero yo le demostré quién mandaba cuando aceleré el ritmo, montándolo como una profesional, sintiendo cómo su polla temblaba dentro de mí. "¿Ahora quién está cerca de reventar, eh?", le pregunté, saboreando el momento en que sus gemidos se volvieron desesperados, sus manos agarrando mis caderas con fuerza mientras yo lo cabalgaba sin piedad. El calor de mi coño lo estaba volviendo loco, y cuando finalmente me dejé llevar, apreté sus bolas con mis muslos, orillándolo a soltar todo su semen dentro de mí, gritando mi nombre como un poseso.