Latina exhibicionista se entrega a un fisting brutal con su coño empapado
—'Méteme todo, no te detengas, quiero sentirte hasta que me duela'. Así me lo pidió, con esa voz temblorosa que delataba su necesidad de ser dominada. Yo ya tenía los dedos cubiertos de su crema espesa, resbaladiza, y no dudé en hundirlos de una sola vez, sintiendo cómo su carne se abría para mí. Ella gritó, pero no de dolor, sino de placer, mientras yo movía los dedos en círculos dentro de su coño, buscando ese punto que la hacía gemir como una perra en celo. —'Más, dame más, quiero que me rompas'. No tuve piedad, metí otro dedo, luego otro, hasta que su coño estaba tan lleno que podía ver cómo los nudillos desaparecían dentro de ella. Su culo se contraía, sus muslos temblaban, y yo sabía que estaba al borde. —'Córrete para mí, puta, quiero ver cómo te derrites'. Y lo hizo, con un chorro caliente que salpicó mis manos y sus muslos, mientras ella se retorcía de placer. —'No pares, sigue así, soy tuya'. Y yo no paré, porque en ese momento, su coño era mi territorio, y yo era el dueño.