Hermana política quiere que le digan lo buena que está
La muy zorra lleva días mirándome con esos ojitos de perra en celo cada vez que me quito la camiseta en casa, mordiéndose el labio como si fuera a comerse mi polla de una vez. Hoy no pudo aguantar más y se acercó con ese culito redondo apretado en un short diminuto, frotándose contra mí como una gata en celo mientras me susurra al oído que quiere que le diga si está buena. Le respondí que su coño está tan mojado que ya le gotea por los muslos y que su culo parece una manzana jugosa lista para que la muerda. Sin perder tiempo la empujé contra la pared, le arranqué la tanga de un tirón y le clavé los dedos en esas nalgas firmes mientras le exigía que se agachara y me chupara la verga hasta dejarla bien dura. Ella obedeció como una perra sumisa, con esos pechos pequeños pero perfectos rebotando cada vez que se ahogaba con mi polla gruesa, gimiendo como una puta barata mientras su saliva resbalaba por mi tronco como mantequilla derretida. La levanté de golpe y la empotré contra el sofá en posición de perrito, agarrándole las caderas para que no se moviera mientras le metía mi verga hasta el fondo, sintiendo cómo su coño apretado se estremecía con cada embestida brutal. Escuchaba sus gritos ahogados mezclados con gemidos de placer, su culo golpeando contra mi pelvis con un sonido húmedo y obsceno cada vez que la embestía hasta el fondo, mientras sus tetas pequeñas se sacudían como gelatina. Le ordené que se diera la vuelta para montarme como una yegua en celo, clavando sus uñas en mis hombros mientras su coño chorreante se frotaba contra mi verga sin piedad, hasta que el sofá crujía bajo el peso de nuestros cuerpos sudados. Gritó mi nombre como una posesa cuando su orgasmo la atravesó, apretando mi polla con una fuerza que casi me hace correrme dentro de ella, pero la saqué a tiempo para llenarle la cara con mi leche caliente mientras ella se corría otra vez con los dedos en su clítoris hinchado. La dejé exhausta, con el pelo pegado a la frente, los labios hinchados por los besos y el coño goteando por toda la sala, sabiendo que mañana volverá a buscarme con esa misma mirada de zorra necesitada.