Hermana política en medias sebes se deja empotrar duro
Llevaba días tirada en la cama con esas medias negras que se le pegaban al culo como una segunda piel, moviendo los muslos con descaro mientras él entraba sin avisar... La muy zorrita ni se inmutó cuando él le arrancó el tanga de un tirón y le escupió en el coño empapado, mojando sus labios rosados que ya chorreaban de puro deseo. Él no pudo resistirse más y se abalanzó sobre ella, agarrándole las caderas con fuerza mientras le clavaba la polla bien dura hasta el fondo, haciendo que la cama crujiera con cada embestida salvaje. Ella gritaba como una puta descontrolada, con los pechos rebotando al ritmo de los golpes, mientras él le apretaba el culo redondo y tatuado, dejándole marcas moradas de los dedos. Cada vez que la empotraba, el sonido húmedo de su carne chocando resonaba por toda la habitación, mezclado con sus gemidos roncos y los gruñidos de él, que no paraba de maldecirla por ser tan putita. Cuando por fin le llenó el coño de leche caliente, ella se corrió al mismo tiempo, temblando de placer con los muslos temblorosos y el coño palpitando alrededor de su verga, que no dejaba de soltar chorros espesos. Él se quedó dentro un rato más, acariciándole la cintura fina mientras le susurraba lo guarra que era, hasta que su polla se ablandó y resbaló fuera, dejando un reguero blanco resbalando por sus muslos. Ella ni se movió, solo se quedó ahí, jadeante y con la mirada perdida, mientras él se limpiaba el sudor de la frente y le decía que la próxima vez no sería tan suave.