Diario secreto de masturbación con el culo perfecto
Cada noche, cuando la casa queda en silencio, me encierro en el baño y empiezo a tocarme pensando en ese culo redondo y perfecto que vi en el gimnasio. Mis dedos resbalan por mi polla dura mientras imagino cómo sería agarrar esas nalgas firmes y apretadas, separarlas y meterle la verga hasta el fondo. La imagen de su cuerpo sudado, con el tanga pegado a la raja del culo, me vuelve loco y no puedo evitar gemir fuerte. Me corro imaginando cómo sería embestirla por detrás, escuchando sus gritos de placer mientras le clavo la polla una y otra vez. El líquido caliente salpica el espejo mientras me agarro el culo con la otra mano, apretándolo como si fuera el de ella. Cada noche repito el ritual, pero nunca es suficiente, siempre quiero más. La fantasía de verla a cuatro patas, con la cara contra la cama y el culo en el aire, me hace perder el control. Me corro otra vez, esta vez más fuerte, imaginando cómo sería llenarle el coño con mi leche caliente. El espejo está lleno de mi semen, pero no me importa, solo quiero seguir masturbándome hasta que no pueda más.