El cuñado de mi hermanastra me dejó el culo ardiendo
Desde que llegó a la casa, el cuñado de mi hermanastra no dejaba de mirarme el culo cuando me agachaba a recoger algo del suelo. Un día, mientras limpiaba la cocina, noté cómo se acercaba por detrás y me apretaba las nalgas con sus manos grandes. No pude evitar gemir cuando sus dedos se colaron bajo mi falda y rozaron mi coño ya mojado. Sin pensarlo dos veces, me giré y lo empujé contra la pared, desabrochándole el pantalón para sacar su polla dura como roca. Me arrodillé y empecé a chupársela con fuerza, sintiendo cómo se hinchaba más en mi boca. Él me levantó y me apoyó contra la mesa, levantándome la falda y arrancándome el tanga con un tirón. Metió su verga hasta el fondo de mi concha, embistiéndome con fuerza mientras yo gritaba de placer. Cada embestida me hacía chocar contra los platos, pero no me importaba, solo quería que me follara más duro. Cuando llegó al orgasmo, me llenó el culo de leche caliente mientras yo seguía temblando de excitación. Al terminar, nos quedamos jadeando, sabiendo que esto no había terminado.