Follando a mi hombre en el monte durante un viaje
La última vez que salimos de viaje, no pude resistirme a la tentación de su polla dura cada vez que acampábamos en medio del bosque. Él siempre llevaba esos pantalones ajustados que marcaban su verga gruesa, y yo, con mi cuerpo curvilíneo y ese culo bien parado, no dejaba de provocarlo con miradas y roces sutiles. Una noche, cuando todos dormían, me acerqué sigilosa y le susurré al oído que quería sentirlo dentro de mí, ahí mismo, entre los árboles. Él no lo pensó dos veces, me empujó contra un tronco y me arrancó el short con fuerza, dejando al descubierto mi coño ya mojado y listo para recibirlo. Sin perder tiempo, me penetró con fuerza, embistiendo con rudeza mientras yo gemía sin control, sintiendo cómo su verga enorme me llenaba por completo. Sus manos apretaban mis tetas y mi culo, marcando cada embestida con gruñidos de placer. El sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en el silencio de la noche, y yo no podía evitar gritar cada vez que su polla golpeaba mi punto más sensible. Él aceleró el ritmo, clavándose hasta el fondo mientras yo me corría en su verga, sintiendo cómo mi coño se contraía alrededor de su miembro. Finalmente, él se dejó ir, llenándome con su leche caliente mientras yo seguía temblando de placer. Fue una follada salvaje, intensa y memorable, justo como a los dos nos gusta.