Fernanda Chocolatte domina al amigo de su amiga con su culo perfecto
El olor a sudor y lujuria me envolvía mientras me acercaba a él, sabiendo que mi regalo sería inolvidable. Desde que vi a Joseph Britadeira, supe que mi coño mojado no tendría piedad con su polla dura. Le ordené que se arrodillara y, con un gemido, le hice chupar mis pezones antes de montarlo a horcajadas. Mi culo redondo rebotaba sobre su cara mientras le exigía que me lamiera hasta que gritara. En más de 11 minutos de escena, lo hice rogar por cada embestida, humillándolo hasta que suplicó por correrse. Mi tanga ya no era más que un jirón de tela cuando lo obligué a empotrarme contra la pared, sintiendo cómo su verga entraba hasta las pelotas. Cada vez que me penetraba, le recordaba que era mi juguete, mi putita obediente. Al final, lo dejé derramarse dentro de mí, pero solo porque yo lo permití.