Duncan Krocker grabando su verificación privada llena de lujuria
La cámara temblaba un poco mientras Duncan Krocker se acomodaba en el sofá, su polla ya dura antes de que yo siquiera me quitara la ropa. Sabía que él había follado a mi mejor amiga el mes pasado, y ahora me moría por hacerle pagar cada segundo de placer que le dio a esa puta. Me arrodillé frente a él sin decir nada, sintiendo como mi coño se mojaba al ver lo grande que estaba, lo suficiente para llenarme hasta que mis paredes vibren alrededor de su verga. Duncan gruñó cuando empecé a chupar, sus manos agarrando mi pelo mientras yo movía la lengua en círculos alrededor de su glande, probando el pre-cum salado que ya brotaba. No iba a ser gentil, ni suave, y él lo supo desde el primer segundo que mis dientes rozaron su piel. Me puse de pie y lo empujé contra el sofá, montándome a horcajadas sobre su cara para que me comiera el coño mientras yo le masturbaba, mis gemidos llenando la habitación al sentir su lengua deslizándose justo donde más lo necesitaba. Duncan intentaba respirar mientras yo lo cabalgaba, pero no le di tregua, moviendo mis caderas en círculos para que sus labios quedaran pegados a mi clítoris hinchado. Cuando sentí que ya estaba lista, me levanté y me puse de rodillas en el suelo, empalándome en su polla de una sola vez, sintiendo como cada centímetro entraba hasta que sus pelotas chocaron contra mis nalgas. Él intentó agarrarme, pero me moví más rápido, rebotando en su verga con la furia de alguien que está tomando venganza, sintiendo como cada embestida me acercaba más al orgasmo que explotaría en cualquier momento. Los gemidos de Duncan se volvieron más salvajes, sus uñas marcando mis muslos mientras yo apretaba mi coño alrededor de su verga, sintiendo como se ponía más gruesa justo antes de que explotara dentro de mí. El calor de su leche llenándome hasta el cuello del útero fue el detonante, y me corrí tan fuerte que vi estrellas, mis paredes temblando alrededor de su polla mientras él seguía embistiendo, sus labios entreabiertos en un gemido desesperado. Fue entonces cuando lo sentí correrse, su semen caliente echando chorros dentro de mí mientras yo apretaba cada vez más, ordeñando hasta la última gota de su verga. Y justo cuando pensaba que no podía seguir, Duncan me volvió a agarrar, volteándome para meterla por atrás, y yo solo pude gritar mientras su polla entraba en mi culo, follándome hasta que otro orgasmo me hizo perder el control. Fue ahí cuando todo se volvió borroso, el sonido de su piel chocando contra la mía, mis gritos ahogados por el cojín del sofá, y su voz gruesa pidiendo más, más, más...