Masturbación con juguetes mientras te miran
La habitación está en penumbra, solo la luz tenue de la lámpara ilumina tu cuerpo desnudo sobre la cama. Sientes el frío del plástico del consolador rozando tu coño ya mojado, pero antes de metértelo, te ordenan que te lo lleves a la boca y lo chupes como una puta obediente. Te humedeces los labios, lo saboreas, y luego lo deslizas entre tus piernas, sintiendo cómo se abre paso hasta que la base golpea tu clítoris hinchado. Te agarras los pechos, los aprietas, y gimes cuando el juguete vibra dentro de ti, pero alguien te exige que lo saques y lo uses en tu culo, que lo empujes hasta que sientas el ardor quemándote por dentro. Te inclinas hacia adelante, te muerdes el labio, y obedeces, sintiendo cómo el juguete se hunde en tu agujero apretado mientras te miran fijamente. Te corren el sudor por la frente, el corazón late desbocado, y cuando estás a punto de explotar, te ordenan que te detengas, que no te corras hasta que te lo permitan. Te retuerces, suplicas, pero solo te dejan seguir cuando te humillas, cuando les pides permiso con la voz temblorosa. Y entonces, cuando por fin te lo permiten, te dejas ir, sintiendo cómo el orgasmo te recorre entera, cómo tu coño late alrededor del juguete mientras te corres como una perra en celo.