Madrastra se corrió gritando en su cumpleaños
La mamacita llevaba el vestido ajustado blanco que tanto le gustaba a él, mostrando cada curva de su cuerpo de diosa mientras se servía un trago con esa sonrisa pícara que siempre le ponía duro al verla. El muy cabrón no pudo resistirse y, en cuanto ella se inclinó para soplar las velitas, le agarró el culo con ambas manos apretando fuerte mientras le susurraba al oído lo buena que estaba. Ella soltó una risita nerviosa pero no se apartó, al contrario, se mordió el labio inferior y le clavó las uñas en el brazo mientras él le bajaba el tirante del vestido dejando al descubierto un par de tetas firmes y perfectas que le pidieron a gritos que las chupara. La muy zorra le agarró la polla por encima del pantalón y notó que ya estaba dura como una piedra, así que sin pensarlo dos veces se la sacó y se la empezó a masajear con movimientos lentos mientras él le lamía los pezones dejándolos bien duros y brillantes. En menos que canta un gallo ya estaba ella sentada en la mesa del comedor con las piernas bien abiertas, el coño empapado y resbaladizo que le olía a sexo dulce mientras él se ponía detrás empujando su verga gruesa contra su entrada sin piedad. La primera embestida la hizo gritar como una puta en celo, el culo le temblaba con cada golpe que le daba hasta que ella le rogó que la empotrará más fuerte, más profundo, que le destrozara el coño que ya le ardía de tanto placer. Él no se hizo de rogar y le agarró las caderas con fuerza clavándosela hasta el fondo mientras sus pelotas le golpeaban el clítoris hinchado que no dejaba de gotear, los gemidos de ella resonaban por toda la casa mezclados con los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando sin parar. Cuando él sintió que ya no podía aguantar más le dio la vuelta y la puso a cuatro patas sobre la alfombra, el culo redondo y palpitante le temblaba ante sus ojos mientras le clavaba la polla hasta el fondo sin aviso, arrancándole un alarido que casi le revienta los tímpanos. La corrida le llegó como un tsunami, el coño le apretó la verga como si quisiera tragársela entera mientras él le llenaba las entrañas de leche caliente que le resbalaba por las piernas dejándola completamente mojada, exhausta y satisfecha bajo su cuerpo sudoroso y jadeante.