Chica expone su coño en público sin vergüenza
La morra llevaba días buscando la excusa perfecta para mostrarle al mundo lo mojada que se pone cuando la miran con lujuria... Llegó al parque con el short tan ajustado que se le marcaba cada pliegue del coño, el aire le hinchaba el sujetador hasta que los pezones casi le reventaban la tela. Se sentó en un banco apartado, cruzó las piernas lentamente y dejó caer el short como si fuera un juego, mostrando los labios hinchados y brillantes que ya chorreaban de ganas. Un tipo pasó cerca y al verla con las piernas abiertas, sin bragas, se le endureció la polla al instante, imaginando cómo sería clavársela hasta que le hiciera gritar. Ella lo notó, sonrió con malicia y se acarició el coño depilado mientras gemía bajito, incitándolo a acercarse con la mirada. El pobre infeliz no pudo resistirse y se arrodilló frente a ella, enterrando la cara entre sus muslos para chuparle el coño con avidez, sintiendo cómo los jugos le resbalaban por la barbilla. Ella le agarró la cabeza y lo empujó más profundo, obligándolo a lamerle el clítoris hasta que le temblaban las piernas de placer. Cuando ya no pudo aguantar más, lo empujó contra el banco, se subió encima y se empaló con su propia humedad hasta que la polla le llegó al fondo. Las embestidas eran brutales, el culo le rebotaba con cada golpe, los gemidos se le escapaban entre los dientes apretados mientras él le aplastaba las tetas contra el pecho. El parque entero parecía vibrar con sus gritos, el sudor les resbalaba por la piel pegajosa de tanto joder, y cuando los dos se corrieron a la vez, ella se quedó tirada sobre su pecho, jadeando, con el coño aún tembloroso y el vestido arrugado alrededor de la cintura.