Mi culo abre con electrochoque para un dildo ogro xl
El cabrón ya tenía los huevos a punto de reventar cuando enchufó el electrodo a su verga palpitante, sintiendo cómo cada descarga le recorría la polla como si un diablillo le clavara agujas de placer por dentro. Con la respiración entrecortada y los dedos temblando, se untó más lubricante en el culo bien marcado, mordiéndose el labio inferior mientras el Ogro XL —ese monstruo de silicona con venas hinchadas— le rozaba el agujero resbaladizo. Al sentir el primer empujón, un gemido gutural le salió de lo más hondo de la garganta, mezclando dolor y lujuria cuando la cabeza del dildo le abrió el esfínter como si fuera mantequilla derretida. Las descargas eléctricas le recorrieron el cuerpo entero, haciendo que cada embestida del Ogro XL le llegara más profunda, más brutal, como si su culo fuera un pozo sin fondo diseñado solo para tragarse esa bestia. Los muslos le temblaban contra el suelo mientras se empalaba hasta los huevos, sintiendo cómo el dildo le estiraba las paredes del recto con un placer tan intenso que casi le nublaba la vista. Cada contracción involuntaria del ano apretaba más la goma, multiplicando las descargas que le subían por la columna vertebral, y sus quejidos se volvieron más agudos, más desesperados, hasta que ya no supo si estaba follando al dildo o si era el dildo quien lo follaba a él. Los testículos le golpeaban contra el suelo con cada embestida, llenos de semen que amenazaba con salir disparado en cualquier momento, mientras el lubricante le resbalaba por las nalgas en hilos brillantes. Cuando por fin el Ogro XL se clavó hasta el fondo, un gritó desgarrado le salió de la boca al mismo tiempo que el primer chorro de leche le brotaba de la polla como un géiser, manchándole el pecho y la barriga mientras seguía empalado hasta las últimas consecuencias. Sudor, semen y lubricante se mezclaban en un charco pegajoso bajo su culo, que no paraba de temblar con espasmos post-orgásmicos mientras el dildo seguía dentro, palpitando como si aún tuviera vida propia. La habitación olía a sexo crudo y a carne sudada, y él solo atinó a jadear, con los ojos en blanco y la polla temblorosa, mientras el Ogro XL le recordaba por qué su culo era la mejor puta que había conocido nunca.