Colegiala culona se escapa con su profesor y le deja llenarle el culo de leche
Llevaba días mirándome con esos ojos cafés, mordiéndose los labios cuando creía que nadie la veía. Astrid Cute, la compañera de química, tenía un culo redondo que no podía ignorar bajo su falda de uniforme. Cada vez que se inclinaba para tomar notas, el corazón me latía más fuerte. Hasta que un día, en medio de clase, me pasó una nota: 'Salgamos'. No lo pensé dos veces. En el estacionamiento, sus medias blancas contrastaban con su piel morena mientras se quitaba la ropa. 'Fóllame, profe', susurró, y el sonido de su voz me volvió loco. La empujé contra el auto, le bajé las bragas y le metí los dedos hasta sentir su coño mojado. Gimió fuerte cuando le mordí el cuello, arqueándose para que mi polla entrara de una estocada. La empotré contra el metal, sintiendo cómo sus nalgas apretadas chocaban contra mis caderas. 'Más duro', gemía, y obedecí, embistiendo hasta que sus muslos temblaron. Cuando me corrí, llené su culo hasta que el semen le chorreó por los muslos. Astrid sonrió, satisfecha, mientras se limpiaba los labios con el dorso de la mano. 'Nadie lo sabrá', pensó, pero su coño seguía palpitando de deseo.